¿Sexo, drogas y buena música para mi adolescencia de niña de colegio de monjas? Yes please.

Hace algunos meses, estaba discutiendo la vida over cafecito y mimosas con mis amigas porque #SeñorasBien y hablamos sobre aquellos programas que veíamos en *susurra* el c a b l e; esos que nos plantaron la semillita de las series, mucho antes de tener acceso a Netflix o a cualquier plataforma en internet. Las series de los dosmiles eran muy distintas a las que tenemos hoy, teníamos desde series de adolescentes ricxs que disfrutaban de los excesos del dinero y su mayor problema era quién era Queen B y quien no – como The O.C. –, hasta series que eran demasiado crudas y teníamos que ver a escondidas porque si nuestra mamá se enteraba, hasta la antena nos quitaba.

Sí, me refiero a Clase 406.

#AhVdd, no.

Let’s talk Skins.

A partir de esa plática, en la que todas acordamos que Tony Stonem fue de los primeros personajes ficticios a los que le dimos todo el consentimiento para hacer lo que quisiera con nosotras, me di a la tarea de volver a ver la serie. Skins es una serie británica que salió en 2007 – yup, hace diez años – y le dio vuelta al mercado televisivo para jóvenes de la época.

Las series norteamericanas de los principios de los dosmiles nos enseñaban las vidas de adolescentes llenas de glamour y excesos. Este concepto televisivo formaba parte de la venta de este “sueño americano” al que los productores asumieron que todxs aspiraban. Skins tomó el paso de preguntarle a los jóvenes qué es lo que realmente querían en aquel entonces, resultando en un programa sobre un grupo de adolescentes británicos que no iban a la escuela, que bebían, consumían drogas, tenían sexo y todo al compás de un muy, pero muy buen soundtrack.

Los dramas personales de los personajes de Skins no eran dramas de adultos, eran problemas adolescentes de la vida diaria, honestos y enormemente pequeños. No, no eran como en “La Rosa de Guadalupe” pero sí los exageraban para llegar a tintes cómicos. Sin embargo, lxs guionistas sabían balancear la tragedia y la comedia en la vida de todxs; siempre mostraban las consecuencias de las decisiones que tomaban los personajes, fuera una cruda después de una fiesta o los problemas de salud de las enfermedades alimenticias. Skins era un escape realista para tu quinceañero promedio (sí, yo tenía como doce y lo único que hacía era atreverme a subir más mi falda de la secundaria, pero era un escape de la vida igual).

La serie se dividió en tres partes, cada una de dos temporadas, y no hay duda que la primera parte fue la mejor de todas. La construcción y el desarrollo de los personajes fue buena, teníamos todos los perfiles posibles de adolescentes y un cast que responde a la multiculturalidad característica de algunos países de Europa. Mención especial a Cassie (Hannah Murray) con su oh, wow, totally y a Syd por protagonizar una de las secuencias musicales que más me ha hecho llorar – ya hasta se me puso la piel chinita por recordarla – en la historia de la televisión.

Al ver los episodios de nuevo, tuve muchos momentos de cringe y no necesariamente por ver la moda dosmilera británica (gross), es sólo que la serie parecía de una época medio lejana. Ver Skins en 2017 hizo que me diera cuenta de lo mucho que ha cambiado la vida de las y los adolescentes. Creo que hoy en día ya no salen tanto como antes, ni toman como antes, y gran parte de ello se debe al contexto sociopolítico actual del mundo: inseguridad, vulnerabilidad de minorías e incluso el mercado inmobiliario (thanks, parents).

Si nunca han visto Skins, deberían de hacerlo, sólo por tener algo de nostalgia por los años adolescentes, porque obvio todxs hemos tenido una sobredosis y hundido un carro en el río después de la peda, o hemos estado cerca de hacerloQUÉ, who said that? Pero en verdad, a través del soundtrack – que incluye a MGMT, The Chemical Brothers y LCD Soundsystem – revives muchísimos momentos de tus propias vivencias. A pesar de que retrata una vida encapsulada de hace diez años, sigue siendo un programa entretenido, lleno de ingenio y humanidad, lejos de la vida adulta y de los tormentos que esta conlleva. 10 out of 10 niñas de escuela católica que veían este programa cuando todxs se dormían en su casa – would recommend.

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