Me gusta mucho alguien y estoy feliz. Yo no le gusto… y sigo feliz.

A muchas personas nos ha pasado. Conocemos a alguien o empezamos a convivir más con unx amigx, y brotan sentimientos de atracción y entusiasmo. Sólo con la idea de esa persona se acelera el corazón y respirar da cosquillas en el abdomen. En ratos de aburrimiento reproducimos en la cabeza  películas de la cita perfecta con esa persona. Se está feliz, básicamente. La ciencia le llama limeranza, pero aquí dejémoslo en “crush” (el sonido de cuando te estampas, en este caso con alguien). Bueno, pues nada te asegura que tu “crush”, también tenga un crush contigo. Cuando esto ocurre (o más bien cuando se sabe que ocurre) mucha gente siente un dolor terrible; como si esa felicidad se arrancara de golpe. Pero siendo honesto, no pasa así conmigo. Si no le gusto sigo estando bien, incluso con la misma alegría de antes.

No vengo a presumir mi grado superior de desapego de lo terrenal. Ciertamente soy muy aprensivo y mi desarrollo filosófico y espiritual es casi nulo. Tampoco quiero ser insensible con quienes hayan padecido el desamor; no dudo que duela un chingo. Pero quizás mi vivencia sirva de algo: como analgésico, si les remuevo un poco las ideas, o como compañía, si les pasa como a mí. Eso que me pasa es que disfruto de sentir atracción por otrxs, y ser correspondido es una extra-felicidad aparte. No necesito estar en una relación con alguien para disfrutar de su existencia.

Algunxs dirán: “Seguro no has estado realmente enamorado. Cuando te toque ya te quiero ver”. Y yo digo: “¡UF! ¡PFF! ¡Que si no!” Créanme, he sentido ese impacto eléctrico que te da con sólo escuchar el nombre de alguien especial. Quizás ayude pensarlo como un crush por una celebridad. Es muy disfrutable vivirlo y normalmente no se espera que se concrete nada. Y la cosa es que más o menos así fue que yo aprendí a enamorarme. Siempre fui un niño aislado y perdido en la fantasía. Disfrutaba mucho de las caricaturas y los videojuegos y tuve la fortuna de conocer personajes muy complejos. No crecí con muchxs niñxs cerca y estos personajes animados fueron mis primeros crush. La infancia no es tan tonta como queremos creer, yo sabía que el que fueran animadxs implicaba, imperativamente, que mis enamoramientos eran imposibles de convertir en relación. O más bien, nunca lo consideré. Entré en el mundo de la atracción sin asociarlo con la relación.

Así que ahí está, no fue la reflexión ética de no esperar ni poseer a nadie a partir del deseo; fue enamorarme de una Zelda poligonal y de Helga Pataki (de verdad). Al menos fue el primer elemento, porque eventualmente conocí personas de carne, reales y cercanas que me llamaron la atención. Lo siguiente fue acostumbrarme al rechazo desde muchas direcciones. Explico para quitarle el drama. Una dirección es darte cuenta que esa otra persona te hace ver que no le llamas la atención. Pasa todo el tiempo, pero se tiende a ignorarlo… a menos que seas como yo. Cuando pones atención a ese fenómeno te das cuenta que viven en un constante “no”, el “no” es la base, ahí está. El que te lo digan sólo describe lo que ya estaba y deja de sentirse como una pérdida (sólo no ganas nada).

Pero otra dirección del rechazo es la que tú das. Ésta sí me ha causado más dolor. Una persona que quiero siente algo por mí y yo no me siento igual. Me encantaría poderle expresar lo halagado que estoy y hablar de cómo vivir nuestra amistad y cariño reconociendo esa diferencia de sentimientos. Pero lo que ha ocurrido es que el dolor que vive la otra persona la obliga a alejarse. Así que saber que yo mismo soy capaz de no devolver sentimiento románticos me ayuda a reconocer que cada una de las siete mil millones personas en el mundo, tiene una vida emocional libre, y no siempre coincidirá con la nuestra en donde queramos.

Claro que se vale sentir decepción. Es particular la alegría que da planear en serio una posible relación… o dejémoslo en una primera cita. Cuando te armas de valor para invitar a salir a alguien y no acepta, hay una tarde, un domingo, una fiesta, una chela que contemplaste y que ya no estará. Aunque, si algo he aprendido de planear, es que todo plan cambia. Algo que he hecho es invitar a citas que de todas formas podría hacer solo, por si las moscas. Una vez invité a alguien al centro y ya estando allá me habló por teléfono para cancelar. Claro que me pareció desconsiderado y me molesté, pero me encanta caminar por el centro de Guadalajara y además descubrí uno de mis cafés favoritos. No que ustedes se lo tomen tan como si nada, como parece que fue para mí, pero ojalá les sirva el tip.

Creo que esa es la clave de poder disfrutar de sentir atracción sin que te la correspondan: disfrutar de ti mismx. Chin, qué cursi pero es cierto. Parte de lo que duele del desamor es cuestionarte tu valor. Es normal preguntarse cuáles serán los defectos que impiden a esa otra persona sentir lo mismo por ti. No les diré que son perfectxs, seguro querrán hacer algunos ajustes personales; pero tampoco podemos hacer de la atracción una medida de nuestra moral, o siquiera de nuestra belleza estética. La atracción se construye de tantas cosas y cada quien la forma de manera diversa por su historia de vida, el entorno en el que creció e incluso su genética. Hay que conocer bien qué y quiénes somos para que no nos lo digan las emociones de alguien más.

A mí me gusta recetar soledad como si fuera medicina. Hay mucha presión por estar en pareja, se estableció como medio último de la felicidad. Y esa presión la pasamos a quienes queremos como pareja (sexual o romántica), como si lxs necesitáramos para poder estar bien y completxs. Pero si disfrutas de tu soledad es mucho menos doloroso escuchar un “no siento lo mismo” cuando declaras tu atracción; pones menos en riesgo. Yo tuve la suerte (no sé si buena) de que mi familia anclara mi felicidad a que se aprecie mi trabajo y no tanto a la vida en pareja. Por eso soy Slytherin. Dicen que la mejor relación poliamorosa es la que tienes contigo mismx cuando tienes otra pareja.

Por estas experiencias y por el sentido que les fui dando desde mi niñez gané la habilidad de disfrutar de mis crush platónicos (que no se cumplen). Y le digo habilidad porque de verdad es una ventaja para mi bienestar y el de otrxs. Y aunque me burlé de las reflexiones éticas y filosóficas, sí se puede considerarlas, aunque sea como efectos secundarios. Es importante reconocer a las otras personas como tal y no solamente como posibles parejas. Perdón que me ponga denso, pero es sumamente peligrosa una sociedad que aborrezca tanto el NO. Así que aunque no sea necesario llegar a disfrutarlo, por lo menos hay que aprender a respetarlo y hacernos responsables de nuestra propia vida emocional.

Pero sobre todo es maravilloso apreciar el placer como se presenta sin someterlo a estereotipos de qué tiene que pasar para que “se complete”. Ojalá esta visión fuera más común, porque he tenido que aprender a expresar el aprecio por mis crush de manera estratégica. Más que nada es a través de cumplidos que tengan sentido con la situación: si hay un comentario astuto y atinado, reconocerlo; si su estilo es bien chido, mencionarlo; si muestra liderazgo, seguirlo. Aunque mejor que eso es platicarlo, revelarle al mundo que este placer existe; y particularmente que existe para ti. Si tu crush escucha, quizás se sienta más cómodx al oír que te gusta. La atracción es el placer de apreciar a alguien y no le falta nada más. Así que si alguna vez se enteran que me gustan, podrían alegremente decirme que no.

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