Año con año crece el “respaldo” a la comunidad LGBT+ en junio, el mes del orgullo, pero es momento de plantearnos las preguntas: ¿hasta dónde es respaldo y dónde comienza a ser mercadotecnia? ¿Con qué objetivo se celebra el “orgullo”? y ¿Qué sigue después de celebrarlo?

Estoy convencido que la diversidad es digna de celebrarse y el mes del orgullo es un excelente espacio para ello, sin embargo, es posible que en medio de tal vorágine olvidemos que, por lo menos en México, aún hay cuentas pendientes hacia la comunidad LGBT+.

Las celebración del orgullo tiene un pasado no tan lejano, surge en 1969 como respuesta a las redadas que la policía de Nueva York llevaba a cabo contra la comunidad gay, es decir que nace como un movimiento político que buscaba la conquista de derechos.

Desde aquel día han cambiado muchas cosas, por lo menos en Estados Unidos se detuvo la persecución y criminalización de los no heterosexuales, y a pesar de la resistencia de algunos sectores sociales, la comunidad LGBT+ adquirió protagonismo político en las principales ciudades del país.

Este movimiento se esparció rápidamente a otros países occidentales y México no fue la excepción, tan solo dos años después, en 1971 el despido de un joven trabajador de la tienda departamental Sears por su “conducta homosexual” provocó la indignación y activación de una comunidad de artistas e intelectuales.

De ese suceso surgieron liderazgos importantes de la élite “intelectual” mexicana, como Carlos Monsiváis o Nancy Cárdenas, que en un país hermético y conservador como el México del siglo pasado, desde sus respectivos espacios, fueron abriendo brecha a la lucha por los derechos LGBT+.  

No fue hasta finales de la década de los 70’s que se realizó la primera marcha para exigir garantía a los derechos de la comunidad LGBT+, aunque debemos recordar que en el México de esos años la represión política era tenaz y no distinguía preferencias sexuales, por lo que relegaba esas “luchas particulares” a un segundo plano.

Todo esto, a pesar de no ser tan lejano, para algunxs suena a prehistoria y va aceleradamente hacia el olvido, es alentador ver que cada vez son más las personas que participan en las distintas marchas del orgullo en el país, sin embargo, en muchas ocasiones esto se queda simplemente en una muy buena fiesta.

La mercadotecnia ha hecho de las suyas a tal grado que hoy, la celebración del orgullo LGBT+, parece más San Valentín que un ejercicio de visibilización y conquista de derechos.

No debemos perder de vista que aunque muchas marcas, empresas, dependencias de gobierno, politicxs, entre otros, en junio se pinten con los colores del arcoiris, en nuestro país las cifras de crímenes de odio contra la comunidad LGBT+ son alarmantes.

De 1995 a la fecha, en México la homofobia ha cobrado cerca de 1400 vidas. La expectativa de vida de personas trans es de 35 años en América Latina, en nuestro país 7 de cada 10 personas LGBT+ han sufrido discriminación y según la Encuesta Nacional sobre la Discriminación, 44% de lxs mexicanxs jamás permitiría que en su casa viviera una persona LGBT+.

Estas cifras parecerían motivo suficiente para activar todas las alertas y encaminar políticas, campañas y recursos a combatir la situación y sanar a un país sumamente machista,  homofóbico  y transfóbico, sin embargo no es así, en los últimos años hemos sido testigos de cómo distintos movimientos conservadores y de extrema derecha, como el Frente Nacional por la Familia, han cobrado fuerza y amenazan con echar abajo las conquistas en materia de derechos LGBT+.

Es decir, que si bien cada junio parecería que todxs estamos de acuerdo en la inclusión y la diversidad, para algunxs es solo una estrategia de mercado, un activo político o una fuente de likes.

Con esto no pretendo desvirtuar el apoyo mostrado o la valentía de salir al espacio público a asumirse o defender la causa, pero sí señalar que aún no estamos para solo celebrar.

Todavía hay luchas que llevar y derechos que exigir y es importante que lo tengamos presente. El próximo año la celebración del orgullo será días antes de la elección más grande que ha vivido México: el 1 de julio elegiremos a 3 mil 362 representantes populares, por lo que será interesante regresarle a la marcha su sentido original y dejar claro que queremos igualdad derechos e igualdad de condiciones para la comunidad LGBT+.

Por: Andres Treviño. 

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