Sugerencias para escapar del ciclo consumista de ideas recicladas que acaban convertidas en basura y después intentan volvernos a vender.

Después de leer el manifiesto anti-fashion de Lidewij Edelkoort, eminencia en pronóstico de tendencias, me doy cuenta de que no estoy decepcionada de la moda como concepto, sino de las prendas y de la industria, la segunda más contaminante y que ni siquiera se ha dado cuenta de que además de sus prácticas, sus ideas siguen en el siglo pasado. La moda está pasada de moda.

Si partimos del hecho de que la moda ya no es moda, solo es ropa, es evidente la devaluación de su significado. El principal problema es que ya no le tenemos cariño a las piezas que consumimos, por lo tanto, no nos importa quién las hizo, cómo o de qué están hechas. ¿Alguna vez nos detenemos a pensar que esa prenda que ya no quieres repetir porque ya está en tu Instagram, fue sembrada, cosechada, hilada, tejida, teñida, cortada, cosida, etiquetada, empacada y transportada? Eso si es de fibras naturales. Si en cambio está hecha de poliéster, como el 70% del fast fashion, lleva un proceso mucho más contaminante, ¿quién lleva a cabo todo este proceso? ¿Dónde y en qué condiciones? ¿Les pagan? ¿Cuánto se tardan? Llega ropa nueva a las tiendas cada semana ¿es magia?

A lxs diseñadorxs de modas nos educan con la mentalidad de que seremos estrellas de la pasarela, divas creativas, pero sobre todo, solitarixs. A diferencia de otros ámbitos, en la moda se cree que no es necesario tener un equipo, ya que nuestra creatividad es innegable e inagotable.  Entonces ¿por qué hace treinta años que no vemos una silueta nueva? ¿Por qué, temporada tras temporada, las tiendas están llenas de reinterpretaciones de otros tiempos? Nos engañamos llamándoles revivals, o diciendo que son ciclos y todo vuelve. El consumidor raramente cuestiona este mito, sino que más bien lo perpetúa.

En los años ochenta vimos el primer gran revival: las hombreras. El diseñador Yves Saint Laurent implementó las hombreras del Zoot Suit de los años cuarenta en sus nuevos tejidos, esta propuesta parece que tomó vida propia hasta convertirse en el power suit con crepé en el cabello, que a tantas señoras les ha costado dejar. Al mismo tiempo empezó a crecer la popularidad del poliéster, ya no era esa tela dura, brillosa y plasticosa de los trajes al estilo de Fiebre de sábado por la noche o ABBA (por lo menos no toda).

El poliéster está hecho de petróleo, y después de muchos procesos químicos lo convierten en una especie de pedacitos de plástico que se pueden derretir, pasan por máquinas que los estiran y estiran, hasta transformarse en hilos que se pueden tejer y finalmente ser la tela de ese vestido vaporoso con el que tanto calor te da y no entiendes porqué. Supuestamente es ligero y fresco, debería ser ideal para el verano, hasta que te das cuenta de que es prácticamente igual a vestirte con una bolsa de plástico larga. Aunque parezca increíble, todo ese procedimiento es más sencillo que el del algodón o el lino, pero lo más importante para nuestro mundo consumista es que es mucho más barato y rápido.

El problema no termina ahí, cada vez que lavamos nuestra ropa hecha de poliéster se desprenden microfibras que terminan en el Río Lerma, por dar un ejemplo. El poliéster NO ES DEGRADABLE, la ropa sigue existiendo, no se desintegra. Lo único que pasa es que se vuelven cada vez más pequeñas las fibras hasta que las empiezan a ingerir animales accidentalmente (mismos que después ingieren los humanos, but don’t even get me started on that). Igual que los microbeads en los productos de limpieza, cosméticos y la brillantina, ¡sólo por lavar la ropa! Ahora imagina todo eso con todas las prendas que se desechan cada cambio de temporada, me parece una imagen devastadora.

¿Acaso la solución es vestir sólo de algodón? Desafortunadamente no. El impacto ambiental que tienen las plantaciones de algodón es muy similar al poliéster. Se usan cantidades enormes de pesticidas tóxicos, fertilizantes, y litros y litros de agua en su cultivo. No olviden su historial con la esclavitud y a los “prometedores” transgénicos. El algodón es biodegradable, en teoría, pero jamás se va a descomponer una prenda dentro de una bolsa de plástico (aunque sea de pan Bimbo), dentro de un bote de basura, sepultada entre más plástico y otros materiales en un vertedero.

Es momento de exigir como consumidores que la moda deje de producir tanta basura, literal e ideológicamente. Que lxs diseñadorxs bajen de su pedestal en el que esperan ser descubiertos por una marca de lujo y busquen soluciones transparentes, éticas y responsables. ¿Sabes quién hizo tu ropa?

Fashion Revolution es un movimiento global creado a partir de la tragedia ocurrida en Rana Plaza en 2013. Diseñaron una plataforma que todos podemos usar para preguntar quién hizo tu ropa, subir los estándares de producción y poner el ejemplo de cómo la moda también puede actualizarse.  Comienza con la simple pregunta de ¿quién hizo mi ropa? Puedes unirte al movimiento, mostrando la etiqueta de tu ropa en Instagram y preguntando a las marcas con el hashtag #whomademyclothes. El movimiento busca ponerle cara a todos los involucrados en la producción de tus prendas y que al mismo tiempo respondan con #imadeyourclothes.

Exigir transparencia no es suficiente, empieza por consumir prendas locales. El support your locals también aplica aquí y reduce tu huella de carbono. Aunque sea ropa comercial, el hecho de que fue producida y vendida localmente, implica menos traslados y por lo tanto menos consumo de combustible (hace menos calor). Existen firmas (sí, también locales) que practican el zero waste. Zero waste es cuando se modifican los patrones de las prendas para adaptarse al material y eliminar el desecho textil durante su manufactura, algo así como crear ropa con retazos. También están lxs que utilizan materiales crudos con procesos mínimos, buscan un enfoque más artesanal en sus propuestas. Otros buscan textiles eco amigables como la fibra de bambú reciclada en prendas básicas y neutras. Las opciones vintage evitan el desecho interminable de ropa, la creación artesanal de joyería y el slow fashion devuelven el valor de apreciar lo que hay detrás de una pieza. Celebramos a todxs estxs creadores con esta editorial en la que mostramos solamente diseñadorxs locales que buscan aportar al cambio.

La solución no es única, pero sí es individual. Individualmente lograremos un cambio colectivo, si no crees que afecta lo que haces tú solx, intenta dormir con un mosquito en el cuarto.

Foto: Arístides Carballo @aristidescarballo
Maquillaje: Isabel Ontiveros @isa_ontiveros
Modelo: Emilia Bryan en MMRunway @emilia_bryan @mmrunway
Estilismo: Gael Maria-Aura Pardo Paulina Encinas

@cain_abl_artisanal @paulinaencinas
Producción: Paulina Encinas

Joyeria en plata: CamposTaylor @campostaylor.mx

Vestido zero waste, tie dye de jacquard de seda: Daniel Andrade @danielandradedi

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