Los mitos son historias que queremos seguir contando porque algún sentido nos hacen. Cuando hablamos de género (o por lo menos yo) hablamos de la mitología del cuerpo sexuado.

Cuando yo era niño escuchaba tantas historias de mitología griega que llegaba a creer genuinamente en Atenea, Apolo, Afrodita, Zeus y las deidades que fuera conociendo. La emoción que muchxs sentimos por ver si los personajes de Harry Potter se parecían a cómo imaginábamos yo la sentí desde que salió Hércules de Disney. Muchos años de escepticismo del bueno convirtieron esa creencia en literatura, pero mi pasión por los mitos nunca se detuvo. Así como yo, la humanidad ha visto sus creencias más arraigadas convertirse en historias literarias cuyo contenido trata de cómo es el mundo y cómo somos nosotrxs como seres vivos sujetxs a éste (al menos para cierta cultura). Así como Hércules se convirtió en la base de una película noventera para niñxs.

Verán, recordar que los mitos son mortales es relevante al pensar en género y sexualidad porque me parece que estamos experimentando un desplazamiento mítico justo aquí en nuestros cuerpos. Aunque el escepticismo hacia los mitos predominantes siempre ha existido, hay épocas en que su cuestionamiento crece tanto en popularidad, que logra derrumbarlos. De la misma manera, siempre se ha cuestionado el sistema de género como forma de dividir a los cuerpos en roles. Pero en nuestra época se ve como una tendencia significativa en las culturas más influyentes de la sociedad global. Los feminismos, las teorías queer, la mediatización de la comunidad LGBT+ en la cultura mainstream, son muestra de la pérdida de fe en el género como creencia que rige nuestra vida. El género es un mito en proceso de ser abandonado.

Me imagino que levanté varias cejas con esa última oración, habrá que aclarar algunas palabras para que tenga más sentido. Para poder seguir diciendo que el género es un mito, tengo que definir “mito”. No hay que entenderlo como mentira o creencia irracional y falsa; ya que no hablo en el sentido popular de la palabra, sino en el sentido antropológico. Usando la definición de Crash Course, unxs genixs para la educación juvenil, pensemos en que mito es una historia con significado y poder de permanencia. Son narrativas que hacen sentido de cómo son las cosas y de cómo llegaron a ser así, y mientras su contenido siga siendo significativo y funcional para alguna sociedad, se seguirán contando.

Hay que notar que con esta definición, la mitología no se limita a religiones ni a relatos mágicos o falsos. El Big-Bang es un mito de creación en este sentido, porque es una historia que se ha reproducido desde el siglo pasado hacia acá, a través del valor que tiene para explicar cómo es el universo en términos de la física moderna. Una mitología sería el conjunto de mitos que constituyen a una cultura o sociedad. Devdutt Pattanaik diría que es lo que conforma la realidad subjetiva (que está interiorizada, no que te la creas por tus ganas)  transmitida por historias, símbolos o rituales.

Espero que ahora quede más claro que el género es un elemento de mucha importancia en la mitología de nuestra cultura. Seguramente ya estás pensando en esas historias, símbolos y rituales que transmiten “entendidos” o creencias de lo que nos toca por nuestros cromosomas, o lo que haya salido entre tus piernas. La historia de que sólo hay dos modalidades de cuerpos y que cada una tiene sus propias expectativas, roles y normas de comportamiento complementarias a la otra y mutuamente exclusivas. La historia se sostiene por narraciones como la “épica travesía del esperma por penetrar el distante y apremiado óvulo pasivo” (recomendadísimo “Óvulo y Espermatozoide: Cómo la Ciencia Ha Creado un Romance Basado en Roles Masculinos y Femeninos” por Emily Martin), la desmentida teoría de que los hombres paleolíticos salían a cazar y las mujeres se quedaban en “la cueva” (todxs hacían de todo y la caza era rara), el interpretar un ecosonograma para saber si pintar rosa o azul el cuarto de unx bebé  (azul o blanco y negro en cualquier caso, el rosa tiende a ser más estresante para cualquier bodoquitx). Los mitos, como el género, no deben reducirse a palabras en los libros, son prácticas vivas se actúan y se transmiten en esa acción.

También aseguré que el mito del género está en proceso de abandonarse, que ahora podemos aclarar que digo que se está dejando de practicar o de transmitir. Oh, yo entiendo que aún con tantos cambios y mejoras en cuanto a equidad del siglo pasado para acá, parece lejos el desmoronamiento del género. Y hay que estar atentxs cuando un mito se conserva con diferente estética y tropicalización. Nuestro panteón postmoderno aún tiene sus mesías como Harry Potter y Superman, sus dioses omniscientes como “La Ciencia”, y sus brujas atemorizantes como las feministas. Ciertamente hay un efecto de contragolpe a las propuestas post-género, además muy hostiles y agresivas.

Pero hay cierta esperanza bajo este estuche de violencias (por cierto, Pandora es de los mitos fundacionales del machismo). Estudiando otros casos de cambios mitológicos es de esperarse una resistencia bruta de la mitología dominante ante una nueva mitología al alza, ya que se da cuenta que viene con un moméntum devastador. Así persiguieron a lxs cristianxs en la antigua Roma (que en ese entonces eran lxs socialistas comunitarixs). Así castraron figuras masculinas en Creta al colapsar la cultura minoica (que probablemente rendían culto a una o varias deidades femeninas). Así hay marchas denunciando “la tiranía pervertida de la ideología de género”, que no lxs obliga a hacer nada más que a convivir con otras historias.

Para agregar a la propuesta de que estamos cambiando mitologías, recordaré que los mitos se transmiten a medida que resultan funcionales. La subversión del género no es un capricho de almas sensibles y liberales; aunque los neomachos quieran “denigrarla” así. Simplemente el género dejó de ser funcional para una porción grande de la sociedad, y abandonar esa mitología es una respuesta tanto esperada como necesaria para adaptarse. Inicia con que la reproducción ya no es una preocupación, con que las comunidades y redes de comunicación incorporan a miembros de varias culturas, que las identidades virtuales se vuelven más significativas, que la violencia y las dinámicas de poder excesivamente verticales ya no son sustentables ni para sí mismas. Básicamente, la realidad a la que nos enfrentamos en el siglo XXI nos presenta retos y exigencias para los cuales los sistemas “naturalizados” de género hasta estorban. Claro que quien no se ha tropezado con este mito se resistirá a que otrxs se lo quiten de encima, porque en las historias se juega el poder.

Es emocionante ver formarse una nueva mitología cuir (o con el nombre que prefieran). Hay varias teorías de cómo surgen los mitos, y creo que este fenómeno da un poco de luz al respecto, particularmente hacia cómo se formó el mito del género. No soy experto en estas teorías pero trataré de comparar lo que aprendí de ellas. El euhemerismo propone que los mitos surgen de personas históricas cuyos relatos adquieren sentido cósmico; como quien cree que al embarazarse “la primera mujer”, su pareja monógama la cuidará hasta que ¡BUM! roles de género. El alegorismo propone que al narrar relaciones entre principios abstractos surgen estas historias míticas; como esta disputa de si Eva surgió de la costilla de Adán o de si “surgió al costado de Adán” para determinar la posición de la mujer en sociedades abrahámicas(). La personificación trata de que los mitos surgen al atribuir intención y esencia a objetos o fenómenos; como cuando el cuerpo con vulva se convierte en “La Mujer” y el cuerpo con pene en “El Hombre”; y La Mujer quiere y hace esto cuando El Hombre quiere y hace lo otro.

No veo la necesidad de desmentir una teoría para que otra funcione, pero pues yo no soy experto mitólogo, sólo soy un fan de Tolkien, Zelda, Star Wars y admirador de varias culturas. Pero mi teoría favorita para explicar el género es la de mito-ritual propuesta por W.R. Smith, que plantea a los mitos como formas de explicar rituales que alguna vez sirvieron para algo pero que se conservan aunque ya no está la utilidad para lo que surgieron. Darwin encontró el mismo patrón en la conducta animal. Quizás separar al mundo en dos sirvió para cuando experimentábamos con esta “revolución agraria” hace decenas de miles de años y algo nos tuvimos que inventar para justificar que lo siguiéramos haciendo pasado el Neolítico. Nace el género (hipótesis personal).

Aún no veo cuajada la mitología cuir. Algunos símbolos y rituales en común han aparecido y toda esta resistencia y hostilidad está aportando una gran cantidad de historicidad. El hecho de ser joven no afecta su esparcimiento porque no transmite mitos generacionalmente (en el sentido reproductivo) sino “meméticamente” (en el sentido tanto pop como sociológico), a través de la comunicación. Sin embargo, aún no se ha sistematizado en un folclor consistente. Es entendible, es una comunidad amplia y por definición diversa; además de bastante nueva. Es probable que no se homogenice, por lo mismo, en un solo panteón de heroinxs y estructuras cosmológicas; pero ciertamente hay principios fundamentales que se compartirán a través de las luchas, culturas e identidades. Principios que creo necesarios en nuestras narrativas y que no será sencillo practicarlas en esta etapa de resistencia y agresión de una mitología caduca con ganas de seguir en el poder. Aunque creo que la revolución será divertida, sólo hay que seguir contándonos buenas historias.

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