Por: Lucila Sandoval

Hablar de reggaetón y género es casi por definición polémico. Por ello empezaré aclarando algunas cosas.

No voy a hacer una defensa irrestricta del reggaetón, no voy a aclarar todas las dudas que hay y ha habido, y no voy a profundizar en el tema de clase, porque creo eso se merece un texto aparte. Tampoco voy a abordar la totalidad del género, me concentraré en aquel reggaetón con el que todos estamos más o menos en contacto: ese de las radios, los sonideros, bares y antros. El fin último de hablar del reggaetón desde aquí, es ofrecer ejercicios para escucharlo filtrando algunos de los prejuicios más comunes. Tampoco vengo a encontrar el hilo negro (y académico) del género, este existe desde hace mucho y se disfruta independientemente de lo bien justificado que esté.

Empecemos aclarando que el reggaetón es un género musical y un producto cultural que refleja, intereses, gustos, prejuicios, valores y propuestas de un sector de la sociedad. Dicho sector merece estar representado al igual que muchos otros, independientemente de su nivel de complejidad musical o del origen de clase y raza de sus exponentes.

Una de las principales críticas al reggaetón es que “cosifica a la mujer”. Así sin más, que como género, buena parte de su contenido se dedica a hacer de la mujer un objeto sexual. Sin entrar en estadísticas (podríamos), muchos de los ejemplos que suelen mostrar a quienes les indigna esta característica aparentemente inherente al reggaetón, se refieren a letras que no hacen de la mujer un objeto sexual, sino un sujeto sexual. Sexualizar no es equivalente a denigrar, sobre todo si hablamos de una posición que habla de sexo consensuado como hacen muchos de los principales hits de este género. En “Travesuras” de Nicky Jam por ejemplo, el reggaetonero pasa toda la canción preguntándole a la chica si quiere hacer travesuras con él, y aunque comenta “no poder contenerse” repite varias veces la pregunta y pronuncia la maravillosa (y sexy) frase “Hasta donde tú quieras vamos a llegar”. Hablar de sexo no es denigrante, no es ofensivo y no reduce a una persona a sus capacidades sexuales.

Con frecuencia he escuchado “pero eso es porque tú lo analizas, las otras mujeres no”. Si ha existido alguna vez un argumento machi-progre es este: las mujeres no sabemos lo que nos conviene, no sabemos cuándo se atenta contra nuestra dignidad y no se nos puede confiar que hagamos lo que queramos con nuestra cuerpa. Para hablar de reggaetón hay que decir que no sólo los hombres heterosexuales cisgénero (https://es.wikipedia.org/wiki/Cisg%C3%A9nero) lo bailan, cantan y disfrutan. Este es para mí el meollo del asunto, me molesta que se use el reggaetón para normar cómo debo bailar, cómo debo disfrutar mi cuerpo, cómo vivir una experiencia erótica y además colectiva (qué rico) y en fin todos esos “cómos” que tienen que ver con putificar y santificar.

Finalmente antes de empezar estos ejercicios para escuchar reggaetón, hay que aclarar que las críticas a dicho género musical suelen estar fundadas en prejuicios de clase. Distinguir entre lo “vulgar” y lo sensual tiene una connotación profunda de clase y raza, lo burdo no es violento por definición y lo romántico no es respetuoso por default.

Ahora sí, después de estas aclaraciones vamos a lo rico: Ejercicios para escuchar reggaetón desde otras ópticas, suspendiendo los prejuicios por un momento y dejándose llevar por la salvaje y deliciosa erótica que nos presenta esta música de orígenes caribeños.

  1. Escuchar reggaetón desde una erótica no heteronormada.

Este primer ejercicio surgió cuando leí un desafortunado análisis sobre el hit “Despacito” en el que hasta con un dibujo criticaban la frase “Esa belleza es un rompecabezas pero para montarlo aquí tengo la pieza”, haciendo alusión a que se trataba de dos hombres cantando, cosificando a una mujer que ni siquiera tenía “derecho de réplica en la canción”. Quédate con esa imagen un momento.

El ejercicio es muy, muy simple, vamos a escuchar unas cuantas rolas que son duetos de reggaetoneros con cantantes pop y en vez de asumir que hablan en tercera persona (como buenos machos) acerca del cuerpo de mujeres pasivas (y simbólicamente silenciosas), vamos a escucharlo como lo que se nos presenta en la letra: dos hombres cantándose apasionadamente sobre coger y amar, quizás cogerSE y amarSE.

Pon “Despacito” el reciente éxito del niño pop Luis Fonsi con Daddy Yankee. Cierra los ojos. Considera que en ningún momento hablan en femenino o hacen alusión al cuerpo de una mujer. Ahora piensa que se la cantan el uno al otro. (Cachondéate durísimo).

¿Cambia la cosa? ¿Siguen siendo rolas que cosifican a la mujer o hablan de roles regresivos de género? Y más importante ¿por qué asumimos que son rolas sobre mujeres que ni siquiera aparecen nombradas? ¿Es porque es «obvio» o porque estamos acostumbrados a pensar que el hombre es el activo y que además sólo puede hablar de “tirarse a una morra con su compa”? ¿Lo heteronormativo está tácitamente en la canción o en las ganas de cargarse un género tan «vulgar»? ¿Se puede interpretar la rola más allá de dinámicas heterosexuales?

Puedes repetir este ejercicio fenomenal con canciones como “El Perdón” con Nicky Jam y Enrique Iglesias, “Vente Pa’ Ca” con el extremadamente sexy dueto Maluma/Ricky Martin, e incluso con “Al filo de tu amor” entre Carlos Vives y Wisin. (Como extra les regalo la salsita “Deja que te bese” de Marc Anthony y Alejandro Sanz).

Que existen canciones de reggaetón que sí son sexistas, heteronormadas y/u homofóbicas, no lo vamos a negar (como en todos los géneros musicales). La invitación aquí es a cambiar la perspectiva con la que consumimos ciertas canciones, repensando las dinámicas de género que implican. Mi opinión personal es que el reggaetón es muchas veces ambiguo (al menos en la letra, los videos son otra historia que ya abordaremos) porque apela a varios públicos y varias interpretaciones de la sexualidad, al final del día si algo no podemos achacarle al género, es un tratamiento moralino de lo erótico.

Foto: Calipsooo

  1. Escuchar reggaetón en primera persona.

Otro clásico de las críticas contra el reggaetón es que sólo son hombres los que cantan así que: a) seguramente hablan de mujeres (denigrándolas) b) personas que no se identifiquen como hombres no tienen forma de identificarse con el género musical.  

Lo primero ya lo desmontamos y lo que sigue me merece una pequeña (grande pues) carcajada. Todos los géneros musicales estando inscritos en una industria capitalista parte de un sistema patriarcal, privilegian la voz masculina (chequen los carteles de los festivales musicales de este año, en México y el extranjero y verán), y esto no nos evita reconocernos en las canciones de The Cure hasta cuando dicen “boys don’t cry”.

Como mujer, mi apropiación de productos culturales siempre me ha forzado a tener que hacer bizcos para verme reflejada en historias de hombres que poco tenían que ver conmigo, y siempre se me dijo que esto era normal y que querer más personajes femeninos era exagerar. Entonces por qué cuando un hombre habla de sexo, ¿no puedo reconocerme ahí? ¿Será porque hablamos de reconocernos como sujetos sexuales más allá de un deseo estrictamente masculino y heterosexual?

Este ejercicio requiere de más presencia, más que sucumbir a la fantasía de Fonsi y Yankee “haciéndolo en una playa en Puerto Rico hasta que las olas griten ¡Ay bendito!”. Vamos a volver al presente y concentrarnos en pensar el reggaetón en primera persona. Somos nosotrxs lxs que quieren dar ratitos de placer, lxs que cantamos para que salga el sol con Don Omar, lxs que caemos Otra Vez o despertamos a las 6 am después de una noche de juerga. ¿Cuál es la mejor parte de este ejercicio? Que si ya desmontamos esa idea de que sexualizar es cosificar, podemos pensar en primera persona desde la invitación y el consentimiento.

Además hay que decir que el reggaetón sí que puede ser “agresivo” en su ritmo, y burdo en su ejecución, vulgar en sus letras. ¿No tenemos derecho quienes no somos hombres heterosexuales a ser directxs, burdxs y vulgares? Yo como mujer que camina de noche, me siento fuerte con Don Omar en mis audífonos y mi cuerpo balanceándose a ese ritmo “agresivo” guiándome a casa.

Foto: 8Tracks

  1. Escuchar reggaetón desde la industria que lo produce.

Voy a tomar otro camino para quienes a estas alturas siguen pensando que el reggaetón es totalmente sexista y no hay manera de escucharlo desde otras coordenadas.

Vamos a escuchar/consumir reggaetón desde adentro, desde la industria musical que lo produce y lo vende. ¿A qué me refiero? A notar las coordenadas que sí hacen del reggaetón sexista.

La industria del reggaetón la manejan hombres que producen música para hombres y la promocionan con estereotipos regresivos de género. Sí, también la industria del rock, del pop, de la salsa, de la banda, de la bachata (con varios hits que promueven la cultura de la violación). Porque la sexualidad la suelen decidir los hombres, porque los videos los hacen y promocionan hombres y porque las marcas que los patrocinan suelen ser de hombres. Pero esta industria tampoco es tonta y produce contenido desde muchas coordenadas y para muchos públicos (el mismo hit puede ser extremadamente ambiguo en su letra y muy macho en su video) que reflejan transformaciones culturales. Finalmente la industria refleja gustos, prejuicios y propuesta de un sector de la sociedad, pero no los domina por completo ni puede controlar la apropiación que distintos grupos le dan.

¿Entonces? El reggaetón tiene características sexistas porque la sociedad que lo produce y consume las tiene, al igual que el rock, la diferencia es que este es mucho más sexuado y vulgar y eso en sí, sí  tiene la potencia de ser una agresión al statu quo que no percibe a las mujeres como sujetos sexuales y asume que la que está sexuada, está necesariamente cosificada porque las mujeres “buenas” y “conscientes” no son seres sexuales.

En la siguiente parte hablaremos de escuchar reggaetón desde la contradicción, desde la potencia del remix y el reggaetón de mujeres, y también lo abordaremos como instrumento de educación sexual – ¡¿que qué?! – Por el momento, practica estos simples ejercicios y disfruta de estas canciones tan sexy (y deliciosamente vulgares).

 

 

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