“Nunca los he visto. Nunca he escuchado de ellos. Nunca he pensado en ellos. A mis 50 años, nunca he visto a un hombre gay”. (Trigger Warning).

Cierren sus ojos e imaginen un mundo sin diversidad. Borren a los gays, lesbianas, a lxs trans. Borren Grindr, borren su orientación sexual en Facebook. Desasocien la bandera arcoíris con el orgullo y borren de su mente la noche que bailaron hasta el cansancio en un antro gay. Olvida Sean Penn en Harvey Milk, olviden la Capilla Sixtina, olviden a Freddie Mercury. Las fotos de la marcha a la que fueron ya no están en su pared. En Twitter, tu cuenta LGBT+ favorita no está, el retweet sobre la violencia hacia los hombres gay ha desaparecido y tu amigo dejó de seguirte – espera, en realidad nunca te siguió, porque de acuerdo al gobierno, él no existe.

Al menos eso fue lo que dijo el vocero de Ramzan Kadyrov, líder de Chechenia, cuando se le preguntó sobre las acusaciones que enfrentan las autoridades del país sobre los campos de concentración para gays en territorio chechén. “No puedes arrestar a personas que simplemente no existen en la república” comentó Alvi Karimov para Novaya Gazeta, una agencia de noticias de la oposición rusa. “Si esas personas existieran en Chechenia, la ley no se tendría que preocupar por ellas, sus propios familiares los hubieran mandado a algún lugar del que no pudieran regresar”. Esto me hace pensar en el control como una dimensión de interacción social producida por los mismos individuos y grupos para perpetuar un sistema de valores fundamentalista dominanteQUÉ. Let me explain.

En las últimas semanas, alrededor de cien hombres entre 16 y 50 años han desaparecido de las calles de Chechenia. A pesar de ser un lugar que se rige bajo la ley islámica – que ve a la homosexualidad como una práctica perversa que debe ser condenada – jamás se había visibilizado este tipo de violencia. De acuerdo a notas publicadas por el New York Times y Human Rights Watch, todo comenzó cuando un grupo activista pidió permiso a las autoridades para realizar desfiles de orgullo gay en cuatro ciudades en la región norte del Cáucaso, predominantemente musulmana. Como era esperado, las autoridades regidas por el macho-monta-osos les dijeron que no.

Según la oficina rusa de Amnistía Internacional, esto llevó a que a lo largo de la región se tuvieran demostraciones anti-gay por grupos religiosos y personas que legit buscan eliminar a aquellxs que insultan los fundamentos de la sociedad chechena y atentan contra la dignidad de los hombres. En los días siguientes, ser una persona LGBT+ en Chechenia se volvió imposible, hombres comenzaron a desaparecer sin explicación alguna. Fue hasta que uno de ellos llegó a las oficinas de Novaya Gazeta para contar una verdad que, hasta hoy, el gobierno sigue negando: hay una purga que tiene como objetivo eliminar a los hombres homosexuales de la región.

De acuerdo al testimonio hecho a la agencia de noticias rusa, la policía ha detenido a más de cien hombres – identificados por las redes sociales o por el apoyo de la misma sociedad chechena (yep) – y los ha enviado a prisiones secretas, en donde están siendo amenazados, golpeados y torturados, al menos tres de ellos han sido asesinados. Hasta hoy, 75 personas han llamado a la Red LGBT+ rusa: 52 admitieron haber sido víctimas de violencia reciente y 30 de ellas huyeron a Moscú, en donde recibieron ayuda de distintos grupos de activistas pro diversidad.

Cada día es más frecuente notar que las sociedades y las instituciones controlan de manera abierta la diversidad y, aspectos como la intimidad o la orientación sexual son regulados. Una sociedad se construye y se crea a sí misma al producir todas y cada una de las partes que la componen, es decir, al producir sus ámbitos materiales (bienes y servicios) y no materiales (valores, ordenamiento jurídico, cultura…). Para que esta producción, construcción – y consecuente reproducción – sea posible, es necesario que lxs integrantes de ese espacio social particular hagan lo que “tienen” que hacer y no otra cosa (Nievas, 1994). La sociedad chechena es estrictamente conservadora y, a diferencia de casos en donde lxs familiares o activistas presionan a las autoridades, en Chechenia, estas personas son rechazadas por sus familiares.

En el libro Homosexual Desire in Revolutionary Russia: The Regulation of Sexual and Gender Dissent, publicado por la Universidad de Chicago en 2001 y escrito por Dan Healey, se señala que una de las principales características de la Unión Soviética de Stalin fue la persecución y la marginalización de lxs homosexuales. Las medidas tomadas contra este grupo vulnerable buscaban reforzar las visiones dominantes de la identidad sexual, la vida familiar y otros valores sociales. Ser gay era – y es – visto como la corrupción más grande de la hombría (término clave para entender la construcción de la identidad del hombre ruso).

La mayoría de lxs autorxs que abordan a la masculinidad en sus investigaciones, coinciden en que hay dos procesos centrales que constituyen el establecimiento de la masculinidad: la separación y negación de lo femenino y la necesidad de exhibición, demostración y reafirmación de que se es varón frente a lxs demás (Fuller, 1997; Ruiz Bravo 2001). En Rusia y la región del Cáucaso, la identidad de los hombres ha sido reconstruida y redefinida a través de estereotipos patriarcales y religiosos, hasta me atrevo a decir que tienen nostalgia imperialista.

Desde que Rusia venció a Chechenia en no una, sino dos guerras, un patriotismo ruso comenzó a extenderse por todo el territorio. Algunos autores llaman a esto una especie de patriotismo biopolítico que no necesita de un Estado exitoso para funcionar y refuerza un discurso nacionalista basado en un sentimiento de pertenencia simbólico construido por la sociedad. Esta forma de patriotismo no se detiene en la identidad, puede ir más allá y movilizar a una población por propósitos políticos. Si algo no es secreto es que, a diferencia de otros líderes chechenes en el pasado, Kadyrov es BFF del presidente Vladimir Putin y carga consigo esa bandera patriótica hiperpatriarcal que ve a la homosexualidad como una amenaza a la norma macho rusa.

Las desapariciones y los abusos hacia los hombres gay son tan sólo una de las consecuencias del régimen opresor que ha caído sobre Chechenia. Los métodos coercitivos usados por las autoridades están basados en una ideología tradicionalista y pro-Putin. El alcohol está prohibido, hay códigos de vestimenta y “reglas morales” para las mujeres. Todas las cosas que se salgan de lo permitido por el gobierno son excluidas del espacio público y al parecer, también se busca eliminarlas del privado.

Una periodista del New York Times, visitó Grozny – la capital chechena – y habló con Heda Saratova, la representante de la oficina local para temas de derechos humanos: “Nunca los he visto con mis propios ojos” dijo Saratova. “Y nunca escuché de ellos. Nunca he pensado en ellos. A mis 50 años, nunca he visto a un hombre gay”. En Chechenia, ser heterosexual es la norma y, fuera de esta normalidad, no hay identidad ni libertad imaginable.

Kadyrov y sus amigos han demostrado ser una élite portadora de una cantidad de poder tan grande, que han sido capaces de hacer de la población chechena un conjunto de cuerpos obedientes que asumen los valores dominantes y son despojados de todo aquello que contradiga la norma. En esta sociedad perfectamente heteronormada y sumergida en la homofobia, los individuos que respeten las tradiciones y la cultura, “cazan” personalmente a lxs que difieran del sistema dominante, sin necesidad de llamar a las autoridades. Estamos hablando de un control social que hace que lxs mismxs familiares arrebaten la identidad de las víctimas; prefieren denunciar y dejar que su vergüenza se termine al mismo tiempo que la vida de sus hijxs.

Para lograr este tipo de control, es importante recordar que en el caso de Chechenia – si no es que en todas partes – los estereotipos han sido un instrumento fundamental y una de las tecnologías más efectivas en la reproducción de fenómenos como la discriminación sexual (Butler, 2002) *inserte imagen de Putin y Kadyrov tomando vodka marca macho mientras ven peleas de niñxs aquí*. Una vez que la población y las autoridades han derrotado y desarmado a los cuerpos excluidos, la victoria del vencedor se proyecta sobre ellos. Acto siguiente, cien hombres terminan en una prisión, torturados, en algún lugar perdido en Chechenia.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y otras organizaciones internacionales de gran peso político, han presionado al gobierno ruso para investigar los abusos reportados. La situación llama a que esto se convierta en la mayor muestra de apoyo que la comunidad internacional tenga hacia la comunidad LGBT+.

Nuestra sociedad se ha convertido en un vertedero de culturas, narrativas e identidades que pueden resultar excluyentes entre sí. En Chechenia y el mundo, aquellas personas que vayan en contra de la ideología imperante son condenadas a vivir en los márgenes de la sociedad. Nuestro trabajo como seres humanos es tratar de difuminar dichos márgenes y crear espacios diversos que coexistan dentro de nuestra realidad cercana, en donde lo no-heteronormado sea celebrado y aquellas prácticas silenciadas por el poder dominante sean visibilizadas.

 

BIBLIOGRAFÍA

Butler, J. (2002). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. México: PAIDÓS.

Fuller, N. (1997). Identidades Masculinas. Varones de Clase Media en el Perú. Lima: Fondo Editorial de la Pontifica Universidad Católica del Perú.

Nievas, F. (1994). El Control Social de los Cuerpos. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires.

Ruiz Bravo, P. (2001). Sub-versiones masculinas. Imágenes de los varones en la narrativa joven. Lima: Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.

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