«Ni cárcel, ni peligro, ni tesoro» poema por Daniela Zaizar

Esta mañana al levantarme, mis piernas no caben más en la cama. De pronto miden 11 590 kilómetros y pueden cruzar océanos de un salto.

Mi cabeza sale por el techo y se me llenan los cabellos de nubes.

Mis brazos se sienten como de hule y se extienden alrededor del globo tan sólo para abrazarme por detrás.

Mis dedos son infinitos y en un piano tocan las canciones más bonitas del mundo.

Mi voz potente grita en todo el continente.

Mis ojos ven 7 atardeceres en un día.

Mis labios besan en quince idiomas.

Este cuerpo inmenso no cabe en una talla porque cabe infinitamente en sí mismo.

Sudo, tiemblo y me expando.

Esta mañana este cuerpo no es cárcel. Esta mañana mi cuerpa es un espacio abierto.

 

Esta tarde de sol ardiente, mis piernas calientes salen a la calle en una falda más pequeña que mi decencia.

Mis senos descarados bailan arriba y abajo mientras corro contra el tiempo.

Mi culo deviene perra y se agita al compás del reggaeton más vulgar.

Mis pies inquietos caminan de noche y de día.

Mis pulmones valientes respiran sola y en compañía.

Resisto, existo y me desvisto.

Esta tarde este cuerpo no es peligro. Esta tarde mi cuerpa es la puta rebeldía.

 

Esta noche, mis piernas se abren llenas de deseo.

Mi vulva florece como un lirio azteca sediento de agua.

En mi espalda caben cien mil cariños.

Mis manos se rompen en un millón de caricias.

Mi lengua larga se pasea de piel en piel.

No me doy a respetar y en cambio Respeto termina alabándome a mí.

Me entrego, me multiplico y no me consumo.

Gimo, araño y me estremezco.

De un puñetazo rompo la vitrina en la que me confinan y esta noche este cuerpo no es tesoro. Esta noche mi cuerpa es mía y sólo mía.

 

 

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