La temible “X” y su controversia. El español marca el género de las cosas pero hay gente que insiste en cambiar la “A” o la “O” por una “X” ¿Pues qué se creen? Pues que pueden usar el lenguaje al servicio de un principio y no al revés.

Hola, ¡bienvenidxs a Jauría Magazine! Particularmente a Polimorfias, la sección en donde las diferentes formas de ser humano, persona, cuerpo tienen cabida y protagonismo.

Oh… No empezamos con un error de dedo. Esa “X” fue completamente intencional, haremos mucho eso en esta revista. Es fácil suponer que se trata de incluir a hombres y mujeres en una sola palabra, pero la verdad es que es para incluir a muchas personas más. Sí, va muy en serio eso de exponer la inmensa variedad en las formas de ser persona. Imagino que tendrás tu propia opinión al respecto, lo cual tiene sentido porque es, a la fecha, un debate continuo. Ya habrá tiempo de conocer todas esas posibilidades que el estereotipo actual de humano ha dejado fuera, e incluso de cuestionarlas como cuestionamos todo aquí. Por ahora me enfocaré en esa “X” que tanto verás, por qué es importante para Jauría usarla, y quizás por qué te hizo sentir como te hizo sentir (haya sido bueno o malo).

La forma tradicional de hablar y de escribir es usar el “masculino generalizante”, que significa que se usa la versión masculina de las palabras para hablar de toda la población y no solo de los hombres. Así se dice “todOs lOs mexicanOs” para referirnos a un país que en números (por cierto) tiene más mujeres. En una ocasión me tocó ser el único hombre en un grupo con otras veinte mujeres y la maestra se disculpó conmigo por decir “nosotras” antes de corregirlo a “nosotros”. Me di cuenta que con mi simple presencia podía cambiarle el género a otras veinte personas. Gracias al masculino generalizante debemos buscar en cada cuarto, grupo y población la presencia o posibilidad de siquiera un hombre para procurarles esas valiosas “O”. Y si una “A” se cuela por ahí, ya de plano no es posible que se dirija a ellos.

Nos acostumbramos como hombres a asumir que si no nos hablan en masculino no estamos incluidos. Cuando surgen otras letras hasta podemos sentir que nos rechazan, en el peor de los casos; o que no nos debería importar, en el mejor. En otras palabras, lo masculino se entiende como lo normal, la base de lo que es humano, todo lo demás es una variación o desviación. Un buen ejemplo de que esto sucede es el “hombre filosófico”, cuando se habla de “el hombre” como equivalente de la humanidad. “El origen del hombre” “La naturaleza del hombre es…”, entre otros. Debemos suponer que “hombre” obviamente habla de las mujeres también.

Quizás aún no veas cuál es el problema, al final se entiende. Y no es que creamos que cada que se usa un masculino generalizante le sangran los ojos a un unicornio, pero lo que nuestra sociedad ha evidenciado es que no todas las personas caben en ese masculino al que le han dado tantos derechos y privilegios. Los ejemplos más dramáticos son las Revoluciones, y me interesan concretamente la francesa y la mexicana. O más bien sus productos triunfantes: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) y nuestra actual Constitución Mexicana (1917), respectivamente. Textos fundamentales para nuestra cultura y que se autoproclaman “universales”, “equitativos”, y “justos”; y que ninguno aplicaba para las mujeres (qué esperanzas que siquiera consideraran a “lxs” demás). Basta saber que las mujeres no votaron en estos países hasta 1944 en Francia y 1953 en México. En Francia, Olympe de Gouges tuvo que redactar los Derechos de la Mujer y la Ciudadana para que la Declaración anterior se ampliara a su género (aunque posteriormente la declararon enemiga de la Revolución). En México, el sufragio femenino era un debate que explícitamente cuestionaba si las mujeres deberían ser o no ciudadanas iguales ante la ley. Temían que si la ley no distinguía género, se fuera a legalizar la homosexualidad, parece broma pero no.

Así que el “generalizante” del masculino queda mal como “universal” y repercute en más que en la forma del lenguaje, también en su fondo. El lenguaje no sólo es una herramienta para comunicarse, es un reflejo de cómo un grupo de personas piensa, siente, y percibe el mundo. En forma simple, nombramos las cosas que existen y lo que no se nombra no existe. Si tu cultura no da lenguaje a un fenómeno, es probable que lo quiera ignorar o hasta censurar. ¿Qué dice de nuestra cultura que queramos que “el todo” sea masculino? Pues yo encontré respuesta en 2014, cuando fui a mi primera marcha del día de la mujer y cuando ocurrió la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En marzo se marchó por las mujeres desaparecidas y/o asesinadas, contra la ineficacia de la policía e incluso su involucramiento. Quienes observaban, gritaban insultos y burlas, chistes machistas u ofrecían sólo indiferencia. Unos meses más tarde desaparecen 43 hombres y las marchas de protesta fueron recibidas con apoyo, furia compartida, solidaridad. Si a las mujeres les pasa algo es problema de las mujeres, pero si a los hombres les pasa algo es problema de la humanidad.

Y menos nombradxs que las mujeres son aquellas personas que ni siquiera caben en un mundo que quiere dividir todo en dos. Claro que parece que al menos las personas sí vienen en dos categorías: masculino y femenino, hombre y mujer; y cada uno carga una “esencia” sobrenatural que los distingue entre sí. Pues si todo lo ponemos en dos cajas es claro que va a parecer que todo tiene que ser “binario”. Y no me pienso pelear con la ciencia. Al contrario, somos uña y mugre. Hay cuerpos biológicos que por anatomía, genética o ambas no son ni masculino ni femenino: se les ha llamado intersex. Pero aun sin la biología, ser hombre o ser mujer cambia con la cultura y con el tiempo, no es una determinación biológica (ya hablaremos más de eso, descuiden). Para muchas personas su personalidad e identidad no dependen de estos géneros; puede que no sean relevantes o incluso al tener que elegir ya sea “hombre” o “mujer”, queda tanto de sí mismxs fuera, que llega a ser molesto. Al ser quienes son, aparece una persona que no cabe en ninguna de esas cajas, así que son “no binarixs”. Si a las mujeres les va mal con sólo una fracción de consideración, sólo imaginen cómo les va a las personas no binarias en un lenguaje… perdón, cultura que ni siquiera acepta que existan.

Ya vamos regresando al debate de las letras. Así como el lenguaje refleja una cultura, también la moldea. Por eso es tan importante proponer nuevas maneras de llevarlo a cabo. Al hacerlo creamos nuevos mundos y nuevos entornos…. Mmm. Siento una perturbación en la fuerza, una ira gutural hacia mis palabras. Alguien teme por el lenguaje, dice que le hago daño. Pues descuida, el lenguaje está a salvo y se junta con la ciencia y conmigo; somos amigxs. Me pondré poético y diré que los lenguajes son como animales: unos están muy domesticados, otros en peligro de extinción (otros extintos), pero la mayoría son silvestres. Son entidades vivas que mutan, evolucionan, se adaptan a su entorno y a su población. La Real Academia Española (RAE) que tanto citan (además mal) para conservar esas “O”, sería como un zoológico. Dice que su intención es preservar y estudiar sus seres en cautiverio, pero a veces se porta como esas tristes bodegas de animales exóticos enclaustrados y mal alimentados. Si su argumento es la prescripción lingüística sólo puedo recomendar que liberen al español, es demasiado numeroso, internacional, plural y flexible para ser enjaulado en reglas permanentes.

Pero si tu argumento era el asco, el desprecio a lo ambiguo, la apasionada necesidad de saber qué hay entre las piernas de las personas mencionadas en una oración, no hay mucho que la “X” o la “E” puedan hacer por ti. Toda práctica cultural es un posicionamiento, defiende un punto, una creencia de cómo podría ser el mundo; el lenguaje incluido. Por ejemplo la “X” no sólo busca la inclusión, sino tachar al género como sistema de diferenciación social; siendo que lo encuentra injusto. En lo personal tiendo a usar más la “E” porque hace lo mismo pero siendo más cómoda para quienes no están “acostumbrades” a las intervenciones sobre el lenguaje. Además juega con la neutralidad de género que el español tradicional ya usaba. Cuando busco a mis compañerxs de trabajo en una actividad de campo escribo en Whatsapp “no les veo”; soy incluyente y no pasa de que suene un poco gachupín. Al hablarlo, a la mayoría sólo les suena a que pronuncio raro y para cuando se dan cuenta ya se acostumbraron. Incluso si no parece necesario al inicio, a medida que se usa, despiertas la comodidad de gente no binaria para acercarse (y vaya que la hay, pero las tapaban esas “O” y “A”). Puede pasar como tuitea Delia González @delia8a (a quien muero porque lean aquí en Jauría): “Últimamente bastantes personas cercanas a mí son no binaries y hablar con E me sale más natural que generizar mi lenguaje.”

Quizás no compartas esta postura sobre el género y a pesar de que nos gustaría que compartas una forma de ver el mundo que hemos encontrado tan rica en sentido y posibilidades, no lo hacemos por chi… molestar. En estos tiempos tan tensos parece que todo desacuerdo es un insulto, mucha gente reacciona con enojo cuando le cambiamos las letras a las palabras, porque claro que tiene carga política. Pero más que el enojo, buscamos la conversación. Nuestra postura es cuestionar y platicar, tanto a nivel personal como social (tripéate solx y tripéate con lxs demás). El extra que nos dan la “X” o la “E” es justo eso, que a la gente le brinque y lance preguntas tanto a nosotrxs como a sí mismxs. Pero hay diferencia entre preguntar, no estar de acuerdo y responder violentamente a esta propuesta de lenguaje. Esa última está más difícil de tomar en cuenta, porque no es necesaria (somos buena gente, no hacemos daño), porque se contradice (demuestra mucho miedo a algo que dicen que no existe), y porque es más peligrosa siendo validada (qué pensarán de las personas que encuentran cabida en la “X” o la “E”…).

Claro, yo hablo como si el género no existiera ni en mi vida ni en mi lenguaje, pero se me escapan masculinos generalizantes y generizaciones a personas no binarias más que de vez en cuando. Fui criado usando el español tradicional y nadie espera que con decir “Eso de la ‘X’ suena bien” ¡PUF! Se exorcizó el género de tu sistema. Toma tiempo, atención, práctica, humildad y empatía (lo que no te enseñan en la escuela). Me ha tocado recibir llamadas de atención por equivocarme de género con personas cercanas, pero es cosa de tomarlos con madurez y tratar de hacerlo mejor a la próxima. Cada vez es más fácil de todas formas (y muy placentero). Lo más difícil es practicarlo en grupos de personas que no comparten esta propuesta. Se burlan un rato y da pena, pero se acostumbran igual que tú. Estoy generalizando mi experiencia personal, lo sé, pero espero sirva de algo.

A veces hasta resulta más práctico que la incertidumbre de identificar si un grupo es mixto o masculino con esa “O universal”, o la larguísima técnica del gobierno de enlistar los géneros y géneras necesarios y necesarias para que ellos y ellas se sientan incluidos e incluidas (y aún así dejando fuera a la gente no binaria). Y no es como si se hablara de le mesque perede en le pered; sólo se usa cuando hablas de personas.

Con los textos formales hay que tener apertura y astucia. Algunas instituciones, maestrxs y jefxs están abiertxs a estas propuestas de lenguaje y basta con avisarles (como yo) que es intencional. Para mantener la formalidad con el lenguaje incluyente habrá que ser consistentes; si usas la “X” que sea en todo el texto, lo mismo con la “E”. Pero si a la autoridad no le late romper el inamovible, sagrado y eterno lenguaje; o si sólo no quieres alzar cejas, saca lo Slytherin y encuentra las opciones neutras que ya existen en el lenguaje que te exigen. Hablar de “las personas”, “quienes fueron”, “Guadalajara (o la ciudad que gusten)” en lugar de “el hombre”, “los que fueron”, “los tapatíos (o el gentilicio que gusten)”, son ejemplos de lo que algunas personas llaman “lenguaje neutro”. Lo que lo distingue del “lenguaje incluyente” es justo que no te planta en esta postura política-cultural-etc.

Jugar con el lenguaje siempre es divertido. También se trata de experimentar con estas “X” y “E” ver qué pasa cuando las usas en otras personas o en ti mismx. Si te preguntabas quién eres fuera de tu género trata de hablarte usando lenguaje no binario. Fuera de ser mujer u hombre, qué es tu pareja, familiar, amistad. Si les pasa como a mí, caben (en mayor o menor medida) en las posibilidades binarias. Quizás re-descubres la comodidad que tienes con tu género binario, pero es realmente liberador saber que puede ocurrir así por coincidencia y no porque tengas que apretujarte en sólo una de las dos cajas. Mejor aún es conocer todo lo que puede llegar a ser la gente. Pero para que existan, primero hay que nombrarlxs. Bienvenidxs todxs.

Facebook Comments