Cuando nos hablan o nos llegan mensajes de “la primera vez” está tan lleno de mitos y creencias que, por definición, cuesta distinguir entre una práctica sexual “normal” y un abuso sexual. (Trigger Warning).

Cuando intento recordar la educación sexual que recibí en mi casa, pero no aquellos mensajes escondidos como “siéntate con las piernas cerradas”, “una niña no dice groserías”, sino lo que me intentaron educar de manera explícita, me viene a la mente mi mamá diciéndome en un par de ocasiones: “Nadie te debe tocar tus partes ni te debe de obligar a hacer algo que no quieras”. En ese momento me pareció muy claro, y hasta obvio. Si bien, no recuerdo cómo y cuándo aprendí qué era la violación o el abuso sexual, sabía que  era algo malo y que si en mi quedaba, no me iba a pasar jamás. Lo que en ese momento yo no alcancé a ver fue que no tenía claro en qué momento alguien más podía tocar mi cuerpo, y qué significaba exactamente “obligar”, y que quizá no sabía cómo identificar “algo que no quiero”.

En México, la educación sexual que se imparte en las escuelas responde a las necesidades de implementar acciones de salud sexual, más que en abordar las necesidades psicológicas, sociales y personales de lxs jóvenes (List, 2014), en especial deja fuera la iniciación sexual de las mujeres, en un contexto que ya por sí incita a la agresión por parte de los hombres y a la normalización de la violencia sexual en las experiencias de mujeres.

Para esto último, el análisis feminista ha sido una gran herramienta para profundizar y cuestionar el tema de la violación a partir de lo que llaman  “The Rape Culture”, o sea, la cultura de violación (Vela, 2015). Hablar de este término no implica creer que la cultura promueve explícitamente la violación. La cultura de violación tiene que ver con un complejo conjunto de creencias, costumbres, acciones, contenidos audiovisuales parte de la propia cultura, que fomentan la agresión sexual masculina y la creencia de que la violencia sexual es inevitable y en ciertos casos aceptable (pornografía) o consecuencia entendible (violación a mujeres con algún grado de alcohol en su cuerpo).

Algunos ejemplos de la cultura de violación pueden ser la impunidad, la culpabilización a la víctima, chistes sobre violación o su normalización en series o películas. Pero me interesa en específico todo lo que la cultura de violación tiene que aportar al tema de “la primera vez”.

Me llama la atención el tema de la primera relación sexual en particular, porque me parece que es un punto fundamental en el que se debería de trabajar, puesto que de cierta manera marca el inicio de la vida erótica de las mujeres, sin embargo, es dejado fuera de muchas reflexiones en torno a la violación. Y es que es una situación que está rodeada de tantos mitos y desinformación que sustentan que muchas primeras experiencias de las mujeres sean, por lo menos, un abuso sexual y que esto pase desapercibido como violencia.

Hay varios mitos alrededor de la primera vez que son parte de la cultura de violación. Uno de ellos es la creencia de que la primera penetración siempre va a ser dolorosa e incluso sangrienta. Esto puede fomentar la creencia de que la primera vez necesariamente implica resignarse a una inevitable incomodidad, dolor y sufrimiento (Friedrichs, 2016).

Incluso a quienes solemos reconocer como autoridades en el cuidado, contribuyen a la normalización de la violencia en nuestros cuerpos. Por ejemplo, cuando yo intentaba tener sexo penetrativo por primera vez sentía un dolor insoportable, esto me llevó a buscar ayuda profesional junto con mi pareja y fuimos con un ginecólogo recomendado. Pasé a su consultorio, me senté en la silla ginecológica, abrí las piernas y me revisó. Después pasamos a su escritorio en el que me esperaba mi pareja y nos dijo que todo andaba bien, que lo que él nos recomendaba era comprar una crema para dormir el área del introito vaginal y que me tomara unos vinitos que me ayudaran a relajarme. Así es como una persona quien parece ser una autoridad médica me hizo saber que no importaba si no sentía nada, o si no estaba lo suficiente consciente (sobria) en cada parte de la relación sexual, lo que importaba es que aguantara lo suficiente para que sucediera.

Pero la realidad no es así, tener una primera penetración puede ser algo placentero, pero para ello hay que hablar de placer, hay que informar sobre el himen y su capacidad elástica, y romper el mito de que se debe de romper. También hay que hablar de que la penetración debe de ser un proceso, no algo de una noche; y para esto habría que desmitificar otra idea: que la primera vez es una, y por lo tanto, debe ser especial e inigualable (Friedrichs, 2016).

Aunque por todo lo anterior me parece muy claro para ver la primera vez como “un ritual de abuso” por el que muchas mujeres pasamos, para muchxs otrxs quizá no sea visto como tal, sino como un “ritual de paso” que hay que atravesar simplemente porque así son las cosas. Esta distorsión tiene que ver también con cómo nos han enseñado que son las violaciones y la violencia sexual.

Por eso es importante cuestionarnos: ¿cuáles son las representaciones que tenemos de la violación? ¿Cómo son los “violadores” que nos muestran? ¿Cómo se proyectan las víctimas? ¿Bajo qué contexto se da la violación? Se muestra a los violadores como hombres desconocidos, enfermos mentales, seguramente pobres y solitarios; a las víctimas nos las muestran como mujeres débiles, de baja autoestima que se dejan engañar, mujeres que se emborrachan y como consecuencia no se dan cuenta de la droga en su bebida; calles poco transitadas, a oscuras, en los callejones; la violación se muestra violenta, con forcejeos, llanto, gritos, golpes, entre otros. El problema con esto es que se deja fuera la posibilidad de que sea alguien de confianza como un padre, un hermano, un profesor o un novio. O que lo más común es que sucede en nuestra propia casa y no en la calle.

Es por esto que nos cuesta más imaginar la primera vez como una situación susceptible a la violencia sexual. Porque aunque asociemos la violación con la violencia, el dolor e incluso el sangrado durante la primera vez se normalizan, deja de ser una violencia, porque “es parte de tener una vagina y querer tener sexo”. Y quien viola suele ser un hombre peligroso, no el novio que nos ama y con quien llevamos 8 meses conociéndonos, porque no se nos enseña que una persona buena y que nos quiere, puede ejercer un abuso.

Cuando no se problematiza la primera vez, se pierde la posibilidad de aprender a negociar las prácticas sexuales. Por ejemplo, de decir “no” cuando no se quiere o no se está preparada; estas restricciones se mantienen mediante la presión social al ser etiquetadas de “apretadas”, “cerradas”, “mochas”, o mediante el miedo de afectar la relación o de la pena de hablar de temas de sexualidad.

Para que exista un abuso sexual o una violación, debe haber  falta de consentimiento. Para dar un consentimiento real, éste tiene que ser continuo, claro y entusiasta, consciente y voluntario. Cuando hay una “primera vez”, el consentimiento no puede ser continuo cuando nos enseñan que es algo que sucede una vez y de jalón y no como un proceso gradual y de comunicación. El consentimiento no puede ser claro y entusiasta, cuando nos enseñan que es una práctica inherentemente dolorosa por lo que un “sí” dudoso y lleno de miedos y ansiedad es lo esperado. El consentimiento no puede ser consciente cuando nos enseñan que para aplacar el dolor y el miedo es una buena idea tomar alcohol. No puede ser un consentimiento voluntario, cuando hay una presión social por no ser virgen a cierta edad o cuando nos hacen creer que si amas a alguien hay que demostrarlo con ciertas prácticas.

El ritual de la primera vez como lo conocemos y la forma en que nos enseñan la sexualidad en general, no dan las condiciones que faciliten un consentimiento real. Me interesa que nos demos cuenta de lo mucho que se acerca al abuso sexual, por definición, a las primeras experiencias penetrativas o eróticas de cualquier tipo, a pesar de que no se parezca a las representaciones típicas de violación. Mi intención no es decir que todas las primeras experiencias son abuso, pero sí enfatizar lo importante que es hablar de este tema desde distintos y múltiples enfoques, más allá de las infecciones o el riesgo de un embarazo adolescente. Que cuando les hablemos a lxs jóvenes de violación y de cuidados, les hablemos no solo de que no les deben tocar sus genitales si no quieren, sino también de  que cuando tengan edad y ganas de que suceda, sepan identificar lo que sí les gusta y con lo que se sienten cómodxs. Que cuando se les prevenga sobre que nadie debe de obligarlxs a hacer algo, complejicemos lo que es obligar y hablemos sobre los tipos de coacción y presión que pueden existir; y de cómo esto forma parte de un conjunto de creencias que nos hacen susceptibles al abuso y a la violencia sexual.

 

Bibliografía

List, M., (2014). La sexualidad como riesgo. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: México.

Vela, E. Orange is the new black y la violencia sexual. El Universal: México. Revisado en: http://www.eluniversal.com.mx/blogs/estefania-vela-barba/2015/07/23/orange-new-black-y-la-violencia-sexual

WAVAW. Rape center culture. What is rape culture? Revisado en: http://www.wavaw.ca/what-is-rape-culture/

Friedrichs, E. 4 Mythsthat make us fear all first-time penetration will be painful. Everyday Feminism: Revisado en: http://everydayfeminism.com/2016/01/myths-painful-vaginal-sex/

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