Después de seis temporadas, sesenta y dos capítulos e incontables minutos de traspasar los límites de la televisión, la comedia dramática Girls ha llegado a su fin.

Hace algunas semanas terminó Girls, la serie de HBO creada por Judd Apatow (Freaks and Geeks, LOVE) y Lena Dunham (googleen feminismo liberal). Para las personas que tienen una vida y no ven series, Girls es una comedia dramática que relata la vida de cuatro mujeres en sus 20s en la ciudad de Nueva York y su búsqueda por la estabilidad laboral y emocional. Es como Sex and The City pero real: en vez de Gucci y Mr. Big, tienes un vecino ex drogadicto y un mercado inmobiliario destruido por la generación de Carry Bradshaw #Blessed.

Aclamada por su cruda visión de la vida de lxs millennials y un guión lleno de connotaciones feministas, Girls trata temas como el autoestima, la intimidad, la imagen corporal, la entrada a la vida adulta y la diversidad de las relaciones interpersonales en una era donde the ultimate goal es ser un embrión de Beyoncé. Ver Girls es básicamente un artículo de Buzzfeed de “23 situaciones incómodas y miserables que probablemente vas a pasar en tus 20s”, lo que la vuelve atractiva para todxs lxs que hablamos lenguaje hashtag.

Uno de los éxitos de la serie de HBO fue que aborda la amistad entre mujeres en un nivel más profundo que las relaciones amorosas. Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna son cuatro personajes complejos llenos de defectos y que nos demuestran de manera franca – no importa lo que otras series te hayan dicho – que las amistades pueden ser tóxicas o simplemente dejan de ser compatibles y a veces lo mejor es terminar con ellas. Una amistad disuelta también es causa de un corazón roto y merece un espacio en la televisión.

[WARNING: Tren del Mame aproximándose].  

Las protagonistas no son los personajes más simpáticos en la televisión. Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna son mujeres pasivo-agresivas, autodestructivas y egocéntricas. Más de una vez quise apagar la tele y saltarme toda la temporada. Sin embargo, la serie tiene el propósito de incomodar para normalizar. Es usual que los medios busquen a mujeres pacíficas y amables que limiten sus emociones a lo privado y de paso, no se quiten los pantalones – pero sí el sostén – en pantalla. Girls ayudó a que la televisión mostrara que las mujeres también somos desordenadas, egoístas y que somos capaces de sexualizar, no sólo de ser sexualizadas.

Una de las cosas que más me atrajo de Girls fue que el guión relata nuestro presente sin sobre-dramatizarlo, una celebración de nuestra vida diaria y sus trivialidades. Algunos críticos (sí con “o” de onvres) rechazaron la propuesta de Dunham por no tratar temas “emocionantes” y no tener un input masculino, como lo hace James Franco en este artículo. O sea que, en vez de discutir sobre nuestros problemas existenciales, los críticos prefieren que hablemos sobre los hombres con los que tuvimos sexo la semana pasada.

Es importante notar que aquello a lo que llaman “trivial” o “no importante” es usualmente asociado a lo socialmente considerado como femenino. Como lo discute la autora Yael Levy en el libro HBO Girls and the Awkward Politics of Gender, Race and Privilege, Girls visibiliza y celebra historias pertenecientes a la vida de mujeres que habían sido trivializadas. Lxs escritorxs toman elementos de lo privado y los insertan en la discusión pública, haciendo de Girls y su discurso una forma de resistencia feminista #MuerteAlPatriarcado (Sí, James Franco, te hablo a ti).

Durante los seis años que pasé viendo Girls, nunca la consideré como la mejor serie del mundo. Al contrario, muchas veces su guión falló y carece de diversidad racial. Es una serie de mujeres blancas que ignoran muchos de los privilegios que tienen y en ocasiones dan por sentado que su visión es la perspectiva universal. Tal vez Lena Dunham no habla de la experiencia millennial global o de otros feminismos, pero la actriz y creadora logró ser lo que buscaba desde un principio: ser una voz en una generación. Episodios como One Man’s Trash o American Bitch la llevaron a problematizar el acoso sexual, encarnar el body positivity y hablar de las distintas formas de amar.

En alguna conversación perdida en Facebook con Israel Sanmiguel – colaborador de la sección – llegamos a la conclusión de que el final de Girls marca la muerte de esa Lena Dunham que nunca queríamos ser, pero siempre éramos. En palabras de Israel: “es como si Hannah ahora fuera una chica a la que le gusta sentarse a escribir en un estudio con muebles carísimos. La chava en la que Judd Apatow creyó ya no está ahí y ya no estamos ahí y el coraje que siento contra ella también es odio contra mí”. (Nos tomamos las series muy en serio, excepto 13 Reasons Why).

En cada episodio era ese mismo rush e incertidumbre que me daba cuando usaba Tinder (perdón, papá): ¿Me caerían bien o mal? ¿Me reiría por miseria o diversión? ¿Por cuántas escenas de sexo incómodo tendría que pasar? ¿Tendría buena música o Britney Spears y Crossroads? Lo que sea que fuera, cada domingo a las 10 p.m. le cedía mi vida a HBO para reírme y poder decir been there, done that, got the T-shirt. Como la veinteañera consumista y al borde de la parálisis post-universitaria que soy tengo que decir: Girls, gracias por tanto y a la vez por tan poco.  

Disclaimer: Yo también odio a Lena Dunham.

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